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viernes, 27 de enero de 2012

Tíjola, sueños de ferrocarril, Articulo del blog "Andalucía de este a oeste"


La localidad de Tíjola, en la comarca almeriense del Alto Almanzora, recuerda sus años de esplendor minero. En la actualidad, es un pueblo tranquilo por descubrir.

Hasta no hace mucho tiempo, a Tíjola se llegaba en tren. El ferrocarril, entonces de vapor, seguía el mismo curso trazado por el río Almanzora, la espina dorsal del valle, desde Lorca, en la región murciana, hasta la granadina ciudad de Baza. Se construyó a finales del siglo XIX para acarrear el mineral de hierro que prodigaba con generosidad estas tierras y, después, cuando acabó la frenética actividad industrial, se dedicó al simple transporte de pasajeros. La estación de Tíjola subsiste con un aire de dignidad ultrajada en mitad de la vega desde que dejó de ser útil hace ahora casi treinta años. En sus inmediaciones, un vagón solitario permanece estacionado en las vías férreas como un cetáceo moribundo varado en la arena de la playa. El Ayuntamiento ha rehabilitado sus paredes y asientos de madera para que quede constancia de aquellos tiempos en los que el tren significó prosperidad en la comarca. Una vez paralizadas las explotaciones mineras de hierro, plomo y mercurio del Alto Almanzora, los pueblos, que vieron quintuplicados sus habitantes, se sumieron prácticamente en el ostracismo. Tan sólo Tíjola se ha mantenido a flote. “Aquí se ha vivido siempre un poco de todo: de los servicios, de la construcción, del mármol…”, explica Antonio Luis, promotor cultural, “de manera que si se acaba algún recurso, siempre hay algo que la saca para adelante”, dice señalando la línea horizontal de una gráfica de población.

La localidad, articulada en torno a la Carrera del Socorro -una arteria principal que la atraviesa de este a oeste-, muestra el trasiego propio de una ciudad de servicios. Entre los pisos de mármol y balaustradas de reciente construcción asoman las fachadas de casonas viejas y acogedoras, con ventanales espaciosos, de techos holgados y zaguanes umbríos. En las calles aseadas predomina la cal, excepto en los muros de la iglesia parroquial de Santa María, que exhiben el ladrillo y la piedra recién restaurada. Se cree que fue edificada sobre una mezquita árabe, pero su portada es de corte renacentista, y su factura es del siglo XVII. El interior posee una sola nave a la que se le han añadido algunas capillas laterales, mientras que el altar mayor está presidido por un artístico retablo barroco que muestra la oscura madera de caoba con la que está fabricado, sin dorados ni policromías.Al parecer hubo por estos parajes una tradición que aconsejaba no adornarlos, “habrá que investigar eso”, dice el párroco, un extremeño que lleva ya seis años en Tíjola, donde vino a prestar sus servicios después de pasar media vida en las misiones.

Iglesia de Santa María. Autor: Manuel Berlanga

En lo que no ha tenido más remedio que indagar el párroco es en una antigua e insólita institución religiosa que oficia en las dependencias de la propia iglesia y que continúa manteniéndose viva en el pueblo: la Santa Escuela de Cristo. El santo sacerdote Felipe Neri fundó algunas de estas hermandades hace más de trescientos siglos en nuestro país, aprovechando uno de sus largos viajes fuera de Italia. Apenas subsisten en la actualidad una docena repartidas por la geografía peninsular, y una de ellas está precisamente en Tíjola. “El objetivo de la asociación, que está formada por varones, es la de llevar una vida todo lo limpia y cristiana posible para asegurarse el bien morir”, explica el párroco de Santa María, “claro, esto redactado dentro de la sensibilidad de hace más de tres décadas”, señala, como queriendo hacer hincapié en la necesidad de ir introduciendo algunas innovaciones en sus estatutos, como es la de permitir la participación de las mujeres.

Consuelo Jordá, propietaria de la antigua imprenta de Tíjola. Autor: Manuel Berlanga

En una de las casas de la Carrera del Socorro guarda Tíjola otra joya del pasado aunque de características bien distintas, se trata de la primera y única imprenta que existió en toda la comarca del Alto Almanzora. Desde que dejó de funcionar en los años setenta, en ella se imprimían los libros, las cartillas escolares, los recordatorios, y las esquelas de los muertos, con la paciencia artesanal de ir componiendo las diminutas letras metálicas para pasarles después el rodillo empapado de tinta. Consuelo, la actual propietaria, pasa una mano nerviosa por encima de la espesa capa de polvo que cubre la maquinaria del taller. Muchos años ha tardado el consistorio tijolense en hacerse con ella, pero más hubiera esperado Consuelo porque su padre, el fundador de la empresa, “no quería de ninguna manera que la imprenta saliera de Tíjola”, dice con la férrea determinación de cumplir la voluntad de su progenitor… Toda la papelería que consumían las explotaciones mineras de la comarca era servida por esta imprenta que ahora duerme el sueño de los justos.

EL VIAJE CONTINÚA: con la localidad de Bacares, en la comarca del Alto Almanzora.

3 comentarios :

Interesante artículo. Pero quisiera apostillar que Tíjola nunca ha vivido de la mineria, porque no tiene minas. Tíjola siempre ha sido centro de actividades desde antes de los romanos, época en que solían traer el mármol para elaborarla aquí. Tíjola siempre ha sido el nudo y centro de comunicaciones de los pueblos de su alrededor, tal y como lo es ahora. En caunto a la mineria, lo que más incide en el pueblo es el aumento de población debido, precisamente, al cierre de las minas de Menas, como de Bayarque.
De otro lado, el tren dejó de circular por las vías tijoleñas a mediados de los años 80; por lo tanto hace más de 30 años. Por ahí, hay algún nostalgíco que puede decir las fechas exactas. El tren se cerró porque era una línea deficitaria según los estudios socialistas de la época, pues se cerró en época de Felipe González.

El 1 de enero de 1985 ya no pasó el tren, justo el día que la Junta de Andalucía asumía las competencias ferroviarias, es decir el último trén, pasó el día 31 de Diciembre de 1984,con la promesa entre otras, de hacer una autovía y volver a estudiar un nuevo trazado ferroviario.

Quisiera apostillar que efectivamente, Tíjola nunca ha vivido de la mineria directamente, pues si fuese asi, seria literalmente en la actualidad "un pueblo en decadencia" como Bayarque, Bacares, las Menas, etc... (un lugar para el recuerdo, al igual que el tren, la mineria no es rentable.

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